La locura
Después de casi treinta años probando coches de todo tipo, un coche así, te puede llevar a la locura. La locura de pensar que eres tan bueno al volante que eres capaz de hacer lo que haces con él, con la destreza y facilidad más absoluta. La locura de arrimarte a los muros o pasar por los túneles para bajar rápidamente la ventana y deleitarse con el bramido del motor, y no digamos ya con una acelerón en vacío… el éxtasis. La locura de levantarse cada mañana con una sonrisa de oreja a oreja y buscar el recorrido más lejano, virado y técnico para llegar al punto de destino, el mismo que en línea recta habría sido solo un suspiro. La locura de pensar en lo que cuesta… teniendo la certeza de que lo vale.

Días de locura y una tarde de tristeza, la de su devolución a la sede de Audi. No sé lo que gasta, 70 euros el depósito, me da igual, hacía tiempo que no disfrutaba tanto con un coche, y eso que por Motor&Sport pasan muchos, y todos ellos muy buenos. He tenido la suerte de probar varias veces un R8 de la primera generación, y ahora también de la segunda. El de la primera generación, incluso con homenaje de conducción en el trazado de Fórmula 1 de Montmeló, y para mayor disfrute, un par de vueltas tomando buena nota de lo que se puede hacer al volante de este coche, en esos momentos a cargo de un maestro como Marc Gené. La conclusión es fácil, el primitivo R8 ya me parecía excepcional, incluso difícil de mejorar, en especial el V10 de 525 CV, pero esté es mucho mejor en todo, porque tecnológicamente lo arrolla. He matizado con, tecnológicamente, porque por diseño, no hay una diferencia enorme, aunque si un lavado de cara general con infinidad de matices que realzan la ya famosa silueta de este súper deportivo de Audi. Un coche con mucho carácter, con todo el prestigio del mundo curtido en una y mil batallas en competición, y todo un imán para las miradas de admiración tanto por su estética como por su contundente imagen Audi. Los faros led con la más avanzada tecnología y luminosidad, y el alerón de fibra de carbono, capaz de aportar algo más de 100 km sobre el tren trasero cuando circula a 200 km/h, son solo algunos de los detalles que diferencian ambas generaciones, detalles que están a la vista y resultan más que contundentes, pero lo que de verdad impresiona en este R8, no se ve a simple vista.        

Antes de hablar de la magia de la tecnología y mecánica que envuelve a este deportivo es obligado echar un vistazo al interior, que es nuevo, aunque como el exterior, no sabes muy bien en qué, solo que es nuevo, que tiene mucho más atractivo y mucho más equipamiento, más tecnología, es más impresionante y por encima de todo, tiene la calidad de ajuste y materiales del mejor de los Audi. En el nuevo R8 la instrumentación es digital y el cuadro de mandos es en realidad una gran pantalla de alta resolución que ofrece varias configuraciones y toda la información imaginable, desde un enorme mapa para el navegador, al velocímetro en posición central con el cuentavueltas a gran tamaño para poder concentrarse en las prestaciones, pasando por la radio (si, tenía radio aunque no la use nunca), el teléfono o el ordenador de a bordo. Pero si el cuadro de mandos es atractivo y útil, el volante es un imán para las manos y los ojos. Grueso, pequeño, achatado en su parte inferior y lleno de unos botones que tienen todo el sabor del WEC (Mundial de Resistencia), de Le Mans o de la Fórmula E en la que Audi está triunfando ya… hay un botón rojo para el encendido y apagado del motor, hay un botón para modificar el sonido del escape, un rotor para el Audi drive select para modificar el programa de uso, incluido el sistema “performace”, y otro más para elegir la efectividad del control de tracción eligiendo la superficie por la que se va a circular… dry (seco), wet (mojado) o snow (nieve). Todo en el interior es emocionante, y las dos plazas son dos cómodos bacquets de impecable factura que te abrazan para disfrutar del viaje.

Entre cómodo y…radical

Dicho esto… lo siguiente es pulsar el botón rojo y comenzar a disfrutar. El arranque es impresionante, no digamos ya si se produce en un garaje. Retiembla el suelo y parece que estallaran los 610 CV de su motor. Todos los días, casi con la disciplina de un piloto de líneas aéreas, tras arrancar seleccionaba el programa “Dinamyc”, para a continuación incluir el sistema “Performance” que anula el control de estabilidad (lo deja en modo latente) y por último el sonido de escape deportivo… y por supuesto el cambio en modo manual con levas en el volante. El R8 en su estado más convencional es un purasangre, lo potencia siempre está ahí… pero lo cierto es que tras seleccionar todos estos programas, la transformación era considerable, y de tratarse de un deportivo de armas tomar, pasaba a ser un genuino coche de competición para ir por la calle, un coche que no lo haría nada mal en una subida de montaña, en un slalom o en una prueba de circuito. Los 610 CV y 560 Nm de par resultan emocionantes. No hace tanto tiempo un gran deportivo tenía 300 CV y ya era una desmesura… hoy, nos sentamos al volante de un coche con más de seiscientos caballos con una tranquilidad absoluta porque al margen de la potencia bruta, la tecnología más avanzada está de nuestro lado. La potencia llega de un escultural motor V10 atmosférico de 5,2 litros que está expuesto en su posición central trasera, a espaldas del piloto… perdón, conductor… Los oídos nos piden recurrir de forma casi incesante a la caja de cambios S Tronic con levas en el volante. Por la dulzura e inmediatez con la que cambia y el atronador sonido que emite el escape, con petardeo incluido. La suavidad de la caja de cambios se transforma en violencia cuando exprimimos el potencial del V10 y le llevamos a zona del corte inyección, el motor escala como un misil por encima de la las 8.250 rpm, que es cuando da la potencia máxima, hasta llegar a las 8.700 rpm en el corte de encendido.

Optima tracción

Todo lo que se diga de este motor y caja de cambios me parece poco. Es sublime. Y tecnológicamente una obra de arte con argumentos derivados del mundo de la competición, como son el uso de un cárter seco para evitar un posible desabastecimiento de lubricación por las inercias y fuerzas G generadas en el paso por curva… difícil de explicar dónde está límite del paso por curva en condiciones óptimas de neumáticos y asfalto… también emplea una de sistemas de inyección, en este caso directa e indirecta para optimizar la carga de combustible en los cilindros en función del régimen de uso, indirecta a baja carga, directa en alta y ambas en la zona media. Al margen de la efectividad del motor y cambio, es imprescindible tener en cuenta la capacidad de tracción de este coche y todo el sistema que incorpora para alcanzar una motricidad que para sí quisiera el mejor de los deportivos, porque este R8 estrena la última evolución del sistema de tracción total quattro, que ahora recurre a un embrague multidisco central con control electrónico y un diferencial autoblocante trasero. El resultado es que el sistema de tracción opera en modo convencional repartiendo el par entre ambos ejes en un 42:58 por ciento, pero este reparto puede variar hasta el cien por cien, dando todo un protagonismo total a uno u otro eje en función de las necesidades del conductor. De esta forma la óptima tracción está garantizada en todo momento. A lo ya explicado hay que añadir que este R8 es algo más ligero que su precedente, entre otras cosas porque emplea unos imponentes frenos carbocerámicos que son de serie en esta versión, y que además de ahorrar un buen montón de kilos garantizan una frenada contundente e incansable.

¿Sensaciones?

Pues de auténtica locura, sencillamente porque este coche parece que se conduce con la mente. Todo lo hace bien, todo lo hace como quieres que lo haga. Como no sea el precio, no sé qué objeción se le puede poner. Es tan ligero y estás tan en contacto con el suelo que parece que pilotes un kart de competición. Pero es infinitamente más cómodo que aquel. Frenas una y otra vez llegando a un punto en el que ya consideras que vas pasado de frenada y entra como si nada, ni subvirando ni sobrevirando. La dirección es rápida, el cambio perfecto y el motor inagotable… incluso el color naranja de nuestra unidad de pruebas, absolutamente escandaloso, nos parece de lo más adecuado a un coche que no es normal, un coche que es una auténtica locura. Si quieres disfrutar sin límite, viajar a placer y diferenciarte del resto este es tu coche. 

 

Ramiro Mansanet